Estamos en el aire: Tokio desde el cielo

El lunes después de visitar el famoso templo de Asakusa fuimos directo a una de nuestras actividades favoritas de las vacaciones: las torres.

Primero vimos la Tokio Skytree, una torre de televisión que tiene dos miradores: uno a 450 mts y otro a 350. Nosotros sólo subimos al de 350 porque el otro salía más caro y no nos pareció necesario.

Está ubicada en una zona de edificios bajos, así que desde la Skytree se puede ver casi todos los edificios importantes de Tokio, el río Sumida y el Monte Fuji.

Fuimos temprano y nos tomamos un café en las alturas.

Cualquiera diría que con esta experiencia ya habíamos tenido suficiente vista cenital, pero como venía contando es una “tradición” de esta nueva familia, así que al día siguiente fuimos a la Tokio Tower después de ir a Ginza de shopping y salir en TN (canal donde casualmente trabajamos 😂).

La Tokio Tower 🗼está “inspirada” en la Torre Eiffel, es bastante parecida salvo porque es roja. Es una antena de transmisión de TV que tiene más de 60 años.

El observatorio principal de la Torre queda a 150 mts, menos de la mitad que la Skytree. Hay otro observatorio pero estaba cerrado.

La mascota de la Tokio Tower es un muñeco rosado con cabeza de cono. ¿Cómo lo sabemos? Porque presenciamos dos shows artísticos del staff (sí, de los mismos que cortaban los boletos).

El espectáculo empezó con tres cantantes muy animados y las mascotas. Después fue cambiando el tono y fueron haciendo varios temas melódicos. Al final una chica medio en bolas y las mascotas hicieron un baile ponja-electrónico muy divertido.

La clave de la Tokio Tower no es su altura sino su ubicación: queda en una zona de rascacielos y vida nocturna, así que gracias a los shows y varios cafés logramos estirar desde la tarde hasta el anochecer para ver los edificios iluminados. Tokio de noche es maravillosa, la verdad valió la pena.

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Un paseo por la TV estatal, un Templo Meiji y la “Bond Street” japonesa

El domingo nos levantamos temprano (para variar, por el jet lag).

Fuimos a Shibuya, el famoso cruce de Tokio que siempre está lleno de gente. Lo encontramos vacío, salvo por algún borracho ocasional.

Caminando caminando llegamos a los estudios de NHK, la tele japonesa. Nos tiró el gen producteril (sí, esa palabra me la inventé) y nos anotamos para hacer el tour por los estudios.

Había que esperar un rato así que hicimos tiempo en un Starbucks.

Se hicieron las 10. Apenas entramos al NHK nos saludó la mascota de un programa (no sabemos cuál) que muy amablemente posó para la foto.

Pasamos al primer sector: trivia infantil. Hasta acá veníamos pensando que los muñecos gigantes son normales en Japón y que la primera parte sería para niños pero después de ver que casi todas las partes eran para niños y que la concurrencia era toda Sub 10 nos dimos cuenta que nos equivocamos.

Igual pudimos ver los estudios de TV y ver el equipo que usan los documentalistas. Muy chulo.

Seguimos viaje por la zona y fuimos a pasear al Santuario Meiji, un templo construido en honor al Emperador reformista de Japón y su esposa la emperatriz Shoken. El edificio original es de 1912 (lo hicieron después de su muerte) pero debió ser reconstruido en la posguerra porque cayó en los bombardeos de Tokio.

Descubrimos que los templos sintoístas y budistas en Japón son muy participativos: se puede tirar la suerte con unos palitos, embocar monedas entre unos palos para rezar, comprar incienso, comprar amuletos, comprar velas, llenar y colgar la tablita de los deseos.

Más allá de la kermese para los que no creemos, estos rituales son importantes para los japoneses que los visitan.

El budismo y el sintoísmo son las religiones mayoritarias de Japón. El primero profesa las enseñanzas de Buda, consecuentes en el karma y la reencarnación. El segundo pone en valor a los ancestros y a los dioses familiares.

A diferencia de otras religiones, conviven pacíficamente en el país y en los hogares: se puede ser sintoísta y budista a la vez.

Volviendo al templo Meiji, echamos nuestra suerte y como sólo fueron malos augurios los colgamos en unas varillas para que los quemen.

Recorrimos los jardines e hicimos cola para ver un pozo milenario que… bueno mírenlo y saquen sus propias conclusiones 😂

Llegamos rápido a Harajuku, la zona a la que muchos jóvenes van disfrazados de personajes animé. Fede identificó a un señor muy particular que aparece en los libros para aprender japonés pero no quiso sacarse la foto a pesar de mi insistencia.

Pasamos por la calle Takeshita, conocida por sus negocios coloridos, su comida chatarra y por tener todo para los chicos que se disfrazan, los Otaku.

Tengo que decir que fue una experiencia intensa. Estábamos tan apretados como en la rush hour del subte, adolescentes, vendedores y turistas por todas partes. Los negocios que pudimos ver en la marea de gente eran de waffles, hamburguesas, tatuajes y disfraces. Algo así como la galería Bond Street de Buenos Aires pero hecho barrio.

Como no teníamos nada que comprar huimos a una calle alejada y encontramos un restaurante mínimo en el segundo piso de una galería que hacía un udon casero espectacular. Nos sacamos de encima todo el frío y el agobio y volvimos en la Yamanote, la línea circular de trenes de Tokio.

En busca de la mejor vista del Monte Fuji

Esta jornada podría resumirse así: fuimos a buscar Fuji y encontramos Malibú.

Después de varios días de frío, el sábado pintaba un día bueno así que aprovechamos el solcito para ir a un pueblo a 80 km de Tokio que se llama Kamakura.

Tiene un Buda gigante de metal al que se puede entrar por la módica suma de ¥20 (20 ctvs de dólar).

El pueblo está lleno de casas hermosas, pero lo mejor de todo es la costa. Un paseo costero con locales de surf estilo californiano nos llevó directo a la isla de Enoshima.

El día estaba impecable y pudimos ver el Monte Fuji por primera vez en el viaje. Disfrutamos del sol y la playa, incluso había gente metida en el agua haciendo surf.

Visita a Ueno y Akihabara

Tras el madrugón/jetlag de la visita al mercado de Tsukiji, volvimos a salir ya desayunados rumbo a Ueno. La zona de Ueno es conocida principalmente por su parque, aunque también por el zoo que tiene un ejemplar de panda que regaló China hace unos años atrás.

Salimos de la renovada estación de Ueno, con pasillos muy amplios y bien señalizados y terminamos casi sin querer en la calle Ameyoko, una suerte de “saladita” a cielo abierto con locales de zapatos, ropa y chucherías que podés encontrar por doquier. Pasamos caminando bastante rápido la zona pues era temprano y no había tanta gente.

Tomamos un desvío y volvimos a encarar rumbo al parque, que fue uno de los lugares en donde más se notaba la nevada de un par de días atrás. El estanque del parque estaba congelado (chequeado por nosotros al arrojar hielo). Y fue allí donde empezamos a escuchar un sonido de música del altiplano. Sí. Hasta en Tokio estaban los “supuestos músicos” que se visten de aborígenes por unas monedas.

Recorrimos gran parte del parque hasta que llegamos al Museo Nacional de Tokio. Una visita que hicimos en unas dos horas: los tickets se compran con una máquina.

Visitamos una muestra de arte asiático que incluía una momia egipcia (si, Egipto no es Asia), además de varias estatuas de Buda de India. Luego pasamos al edificio principal dedicado a Japón, en el cual se destaca una gran colección de katanas forjadas por los principales herreros de Japón medieval.

Mientras estábamos saliendo, un hombre nos invitó a crear nuestra propia postal gratuita con unos sellos con motivos japoneses.

Como ya en ese momento eran como las 2 de la tarde, decidimos buscar un lugar para comer y terminamos almorzando en un restaurante en la parte superior de la estación de Ueno.

A la salida hicimos nuestra visita obligada a Akihabara, el barrio de electrónica, aunque comparado con hace varios años atrás, ya no es lo que era. No quiero decir que no siga siendo el lugar ideal para los fanáticos de la electrónica, anime y videojuegos. Pero creo que la globalización le quitó el encanto a un lugar en donde hace dos decadas se buscaba lo último de la tecnología y ahora hay cosas de todos lados. De todas formas no dejan de ser impresionantes las tiendas de 5 o 6 pisos dedicados a tecnología, un piso por categoría. El ruido de Akihabara nos agarró algo cansados así que decidimos tomar el subte para volver al hotel.

Y ahí fue donde cometemos el primer error de transporte en Tokio. Nosotros queriamos tomar el metro pero entramos por la estación de JR (trenes) pensando que todo esta conectado por dentro. Error. Después de caminar y subir y bajar varias escaleras, nos encontramos con otro molinete, esta vez para salir por otra puerta de la estación de trenes de Akihabara.

Debido a que la Suica daba error, le preguntamos a la empleada de la estación y nos mostró un cartel que si entrabas a la estación pero no viajabas… te cobraban 150 yenes. Tras este problema descubrimos la entrada al subte y volvimos al hotel agotadisimos.

Fecha: 26/01/18

Lugar: Tokyo, Japón

Tsukiji: el “epic fail” que pudimos remontar

Todos dicen que hay que levantarse muy temprano para poder ver la subasta de la pesca en el Mercado de Tsukiji, pero nadie se pone de acuerdo en qué tan temprano.

Nuestro libro de viaje decía que entre las 5:30 y 6:30, así que aprovechamos el jet lag y el subte que abre a las 5:17 para llegar al mercado.

La parte de la subasta queda al fondo fondo en unos galpones portuarios. Cuando llegamos, pasadas las 6:15, era un hormiguero de mini montacargas a los pedos que casi nos atropellan.

Entendimos enseguida que los turistas no son muy bienvenidos, menos cuando llegan tarde. Un policía nos dijo que la subasta había terminado y nos echó del lugar.

Lo bueno es que pudimos ir al mercado minorista que ya estaba abriendo. Notamos que venden de todo, hasta ballena.

“Desayunamos” almejas, salmón y pulpo en palito. Súper frescos y recién cocidos. Además le entramos a una tortilla medio dulce y también a unos palitos de pollo.

Era muy temprano y el frío se hizo notar así que volvimos a desayunar de verdad al hotel.

La gastronomía de Japón es sorprendente. El chiringuito más descuidado de Tokio puede preparar una comida espectacular. También se puede comer en la calle, aunque no al nivel de otros lugares de Asia como Tailandia que tiene puestitos en todos los barrios.

En cuanto a la variedad, hay de todo. Desde una boulangerie al mejor estilo francés a un típico local de sushi giratorio, pero lo que está siempre más a mano y es más económico es el udon (sopa de noodles con carne) acompañado de gyozas (empanaditas al vapor).

Hace tiempo estamos buscandoun local de yakiniku, carne cortada en fetas que se asa en la misma mesa, pero el que encontramos queda a varias cuadras y no pudimos ir todavía.

En cuanto a Tsukiji, esperemos tener revancha.

Fecha: viernes 26/01/18

Lugar: Tokio, Japón

Visita a Tokyo Disneyland

Ya desde antes de llegada a Japón, una de mis intenciones era visitar Tokyo Disneyland. Para los que no lo saben, Tokyo fue la primera ciudad fuera de Orlando y Anaheim (California) en tener su parque Disney, allá por los 80. Si hay algo que siempre recuerdo de chico es ver el mapa (y las fotos) del parque que trajo papá cuando lo visitó allá por 1990, cuando vino a trabajar a Japón por primera vez.

Aprovechamos un paso por Ginza el día anterior para comprar tickets del día por ¥ 7200. El vendedor nos dijo que día de semana era el momento ideal pues el parque se llena los sábados y domingos. Fuimos el jueves bien temprano. Tomamos el metro y luego el tren de JR rumbo a la estación de Maihama, a unos 30 km del centro de Tokio. La verdad fue super simple llegar al parque con las tarjetas Suica.

Ya en el tren empezamos a notar a grupos de fanáticos de Disney por todas partes. La estación de Maihama queda justo en la entrada de Disney. Hacía mucho frío (después nos enteramos que fue el día mas frío en Tokio desde 1970) y eso quizás hizo que muchos desistieran de de ir al parque. El parque queda también muy cerca del mar, lo que le sumaba una cuota extra de frío. Tras algunas fotos de rigor en la entrada, se vivió un micro momento de tensión cuando el ticket de acceso a Disney salió volando por el aire y Vero y yo salimos corriendo para atraparlos. Pero la magia de Mickey nos ayudó (?) y pudimos recogerlo del suelo.

Tras pasar el control de seguridad (me encontraron el palo selfie en la mochila pero no me lo sacaron, sino que pidieron que lo deje ahí), entramos. Visitamos la tienda de la entrada y nos dirigimos a la primera de las atracciones: una de Monsters Inc. Pero tenía bastante fila así que sacamos entradas para volver sin hacer tanta fila más adelante. Así que fuimos al siguiente: Star Wars. Este fue mucho más rápido: tiempo de espera 10 minutos. Y fue así. El parque estaba vacío.

Las siguientes atracciones las hicimos con filas de entre 5 a 25 minutos, pero en general se pasaba super rápido. Tanto es así que logramos hacer todo un parque Disney de quién sabe cuántas hectáreas en solo 6 horas.

A media mañana compramos unos churros con chocolate caliente en el sector del Lejano Oeste y vimos cómo un cuervo (que abundan en Japón) le robó a una chica. Pero no se preocupen porque esto es Disney: apareció una chica y le dió un churro nuevo. Todos felices. Aprovechamos un momento de distracción de los japoneses que se preparaban para ver un desfile de Frozen (nada más acorde para los -1°C) e hicimos varias atracciones más en menos de 5 minutos de fila. Eso sí: cuando te cuentan un “cuentito” en todas es en japonés (salvo las medidas de seguridad en inglés y chino)

El parque está en un momento de obras. El invierno es ideal para ellas ya que hay menos visitantes. Así que quedó un sector sin ver y hay otro en construcción que inaugura en 2020 (¿Nuevo sector de Star Wars?).

Fue una linda experiencia que para mí, con ya más de tres décadas, me hizo sentir un niño otra vez. Lo único: la foto con los muñecos se las debo: había pocos y con mucha fila.

Íbamos a comer en Disney pero era temprano y pegamos la vuelta en tren. Comimos en un puestito de udon que tenía muuuucho picante y emprendimiento el regreso al hotel.

Fecha: jueves 25/01/18

Lugar: Tokio, Japón

Palacio Imperial de Tokio y (cómo no?) un poquito de shopping

Nuestra historia con el Palacio Imperial es particular porque tuvimos bastante suerte. Llegamos a Chiyoda justo a las 9:30 y estaba por arrancar el único tour del día por los jardines del palacio. El guía hablaba solamente en japonés y las pocas instrucciones que dio en inglés se entendían aún menos.

Pero esto es Japón así que el Palacio tiene su propia app con audioguía en español que va contando exactamente lo que vas teniendo en frente.

Así descubrimos el patio y los jardines del Palacio. Las puertas se abren al público únicamente el 23 de diciembre (cumpleaños del emperador) y el 1 de enero. Casualmente coinciden con nuestros cumpleaños 🤪

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nada del interior pero nos impresionaron las estructuras antiguas del Palacio, por ejemplo una torre del S XVII. Gran parte del edificio fue reconstruido, pero hay piezas sobrevivientes a un incendio y a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. < b><<<<<<<
uró 2 Hs así que a esta altura ya teníamos bastante frío. En el camino a Ginza nos metimos en una agencia de viajes casi por la calefacción y terminamos sacando el pase de día para TOKIO DISNEYLAND, que mi asistente @fedeaikawa pasará a contarles en el próximo post.

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el distrito comercial más lujoso e imponente de Tokio. Hay locales- edificio de Hermès, YSL, Carolina Herrera. Como un freeshop al aire libre y a lo bestia.

También hay marcas más populares como GAP, H&M o nuestro queridísimo salvador UNIQLO, que tiene todo ropa térmica y camperas de pluma 😍

El UNIQLO de Ginza es el más grande del mundo: tiene 12 pisos. Como somos muy fans, primero hicimos rueda de reconocimiento a ver qué había en semejante edificio y más tarde entramos a comprar. La verdad es que los pisos, si bien están divididos por mujer, niños y hombre, tienen más o menos lo mismo.

Fuimos con la idea de comprar solo lo necesario pero no pudimos contra nuestro gen argento de infancia en los ’90 “deme-dos” y terminamos llevándonos dos bolsones que “nos van a servir para todo el año” y unos cuantos regalitos.

Mencioné que entre la rueda de reconocimiento y el descontrol consumista fuimos a comer, paso a contarles: fuimos a un restaurante que quedaba en un cuarto piso. Nos hicieron dejar los zapatos en un locker adelante y nos sentaron en unas cabinitas muy lindas con los pies calefaccionados. Pedimos el menú que tenía foto (para variar, muy pocas cosas traducidas) y disfrutamos de un rico pollo frito (yo) y carne picante con arroz (Fede). Terminamos con un té verde.

El jet lag nos pegó apenas llegamos al hotel. Dormimos 4 horas de siesta y como iba a ser imposible seguir durmiendo hasta la mañana fuimos a comer a Roppongi. Vimos la Torre de Tokio e hicimos una especie de tapeo con pulpo, tempura y ensalada que nos salió 260 pesos! Una ganga.

Fecha: miércoles 24/01/18

Lugar: Tokio, Japón